Propiedad Intelectual, Denominación de origen y Globalización

Es el intelecto, la imaginación, el hacer ver lo que antes no se hizo visible o escribir dando forma a un nuevo relato lo que pasa a tener un creador reconocido. Y esos logros, por cierto, hoy determinan la propiedad intelectual y, en consecuencia, sus beneficios.

Fue a comienzos del siglo XIX que comenzó la preocupación social de patentar los inventos para determinar a quién correspondía el origen de la idea y los beneficios de la misma. En la actualidad, con los avances en tecnología y nuevos descubrimientos científicos, la propiedad intelectual también reconoce las creaciones del arte, diseños, isotipos, logotipos, textos, frases, y también en espacios físicos y zonas turísticas singulares por excelencia -entre muchos otros- donde la creatividad e imaginación son pan de cada día.

De acuerdo a antecedentes aportados por la Oficina Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) es posible reconocer la evolución de la lista de los países con mayores solicitudes de patentes. Y también, como se han expandido los conceptos bajo los cuales cabe reconocer este tipo de propiedad. Ahora se habla de recursos genéticos, de dibujos y modelos industriales, de dominios en internet, de marcas, de folklore y artesanías típicas. Todo ello junto a las clásicas peticiones por reconocimiento de invenciones.

Son muchas las ocasiones en las que los debates llegan a los límites de la filosofía ante la pregunta de cuándo algo o alguna especie adquiere la condición de existente. Por ejemplo, al juntar dos cosas pre-existentes para crear una tercera, ésta última ¿es invención o adaptación?

Mirado desde la perspectiva de un país, la propiedad intelectual es soberanía. Tal es el caso de la Langosta de Juan Fernández. «No todo el mundo lo sabe, pero la langosta del Archipiélago de Juan Fernández –Jasus frontalis, su nombre científico- tiene registrado y reconocido en el ámbito de la propiedad intelectual su Denominación de Origen. Ello implica tener una singularidad tanto por el lugar geográfico que la acuna como por las características de su especie. Si eso ya es importante, aún más lo es saber que antes del reconocimiento a este crustáceo chileno nunca se había dado en el mundo la denominación de origen a un producto proveniente del océano. Con esa característica la especie ha podido tener vitrina especial en ferias nacionales e internacionales y ser protegida como cualquier otro activo mediante distintos mecanismos propios de la propiedad intelectual, sean derechos de autor y conexos o propiedad industrial. El caso particular de nuestro crustáceo o, por ejemplo, con nuestro Limón de Pica ilustra la trascendencia de poner especial atención en la propiedad intelectual en el mundo de hoy», dice José Antonio Cabedo, director de la revista Diplomacia.

#DECH

Más información en http://www.apuntesinternacionales.cl/wp-content/uploads/2018/08/REVISTA-DIPLOMACIA-138-JULIO-2018-web.pdf

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